¡Ya basta! El e-mail no es urgente

23 Marzo 2014

email_overload-300x234– Has recibido el mail que te he enviado? -me pregunta por teléfono.
– Sí -contesto- pero todavía no lo he leído.
– Ah, bueno, pues ya te lo comento de viva voz; es que era urgente.

Ya basta. Los emails no son urgentes. Nunca lo fueron y nunca lo serán. Si quiere usted localizarme rápidamente, coja el teléfono. Si necesita que le aclare una duda urgente, llámeme. Si le corre prisa saber el estado de determinado encargo, marque mi numero.
Hágalo, use el teléfono. Es un invento que, desde su primera llamada oficial, permite una conexión rápida con su interlocutor. No hace falta que espere la respuesta, no es necesario que se coma las uñas preguntándose si lo habré recibido ya. Ahora la tecnología nos lo permite (desde su primera patente, de Graham Bell, en 1876). No se apure más, no se estrese. Si algo es urgente, utilice un canal que le permita resolver esa urgencia.

Pero no, usted insiste en usar el correo electrónico. Igual -vaya usted a saber- le da vergüenza mentirme decirme a la cara que es urgente cuando no lo es. No se el motivo, pero lo cierto es que usted me manda un email y se queda tan tranquilo, como quien despacha con su esclavo. “Ya he dado la orden. Ahora cúmplanla”, parece querer decir. Usted le da al botón de “enviar” con demasiada alegría y despreocupación, como si a partir de aquel momento el mundo tuviera que pararse para poder gestionar su petición.

Y no, no es eso lo que ocurre. Los emails llegan rápido, sí, pero llegan a una bandeja de entrada, a un buzón. Y allí se quedan hasta que alguien los abra. Eso es, justamente, lo que aleja a los correos electrónicos de la urgencia.

email_overloadEs más, déjeme confesarle que a menudo sí que he abierto su correo. Lo he abierto y lo he leído, atentamente. Y luego lo he marcado como “no leído” o como “pendiente” para gestionarlo a su debido momento. Es decir, que he hecho un ejercicio de priorización y, sintiéndolo mucho (no se ofenda, no es nada personal), no ha quedado en la cima de mi lista de tareas pendientes.
Porque -igual usted desconoce esto que le voy a contar-, aunque pueda parecerle mentira, mi trabajo no se reduce exclusivamente a responder sus emails ni sus peticiones. Mi larga lista de tareas pendientes está llena de encargos de otras personas tan dignas como usted que, a su vez, también me pidieron hacer algo por/para ellos. Y en eso estamos, en priorizar cada vez que entra un nuevo encargo.

Así que, por favor, la próxima vez que quiera usted algo urgente, llámeme y hablémoslo. Seguramente podremos encontrar la mejor solución para tenerlo en un tiempo conveniente para usted y para mi. O mejor, venga a verme en persona, que ya se sabe que los encuentros cara a cara llevan un añadido de empatía y comprensión. Todavía será más fácil.

Pero no, no me siga mandando emails esperando que:
a) una alarma me indique ha llegado un correo suyo
b) lo lea inmediatamente
c) me ponga ipso facto a hacer lo que en él me pide

Más que nada porque yo sigo pudiendo practicar ese sano (pero extenuante) deporte que consiste en decir que no lo he leído, que no se nada, que no, que a mi que me registren.

Atentamente,

 

Marc Ambit

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