Bootstrapping, o cómo no perder el control de su negocio emprendedor

23 Julio 2017

Uno de los principales temores de todo emprendedor/a es aquel que tiene que ver con perder el control sobre su empresa u organización. Es comprensible pues, al fin y al cabo, para hacer crecer a una organización hace falta dinero, y para que alguien te dé dinero hay que darle algo a cambio, siendo este algo, muy a menudo, parte del poder en la compañía. Ya sean nuevos socios, business angels o inversores de todo nivel, recibir su dinero equivale a una contraprestación relacionada con cederles parte de la organización, darles voz y voto.

Esto, que es la moneda común y que puede llevarse a cabo sin perder el control de la compañía, está claro que es un riesgo bien presente y que, independientemente de lo cierto y probable que sea, está siempre presente en la mente del emprendedor/a cuando va tomando decisiones para hacer crecer a su organización.

Pero hay una alternativa: el bootstrapping. ¿Qué es el bootstrapping? Es financiarse sin depender de terceros. Es decir, que es más una declaración de intenciones que no un método de financiación. Por decirlo así, es un concepto que aglutina todas las posibles maneras de conseguir aumentar el capital que no impliquen ceder parte del poder o de la misma compañía. Es, por lo tanto, un intento de crecer sin perder el control.

El término bootstrapping tiene un significado bien ilustrativo. Boot es bota en inglés, y strap es correa. Es decir, que bootstrapping significa, literalmente, usar la correa de la bota. ¿Qué correa? Aquella que forma como una hebilla y que llevan todas las botas en su parte posterior, permitiendo, al deslizar el dedo índice por ella, calzárselas sin necesitar ayuda. Pues eso. Que se trata de hacer crecer nuestras compañías sin que nadie nos ayude. O casi.

Diversas son las maneras de conseguir financiación sin tener que ceder el control. En seguida llegamos a ellas, pero antes veamos cuáles ya podemos ir descartando. Nada de inversores externos. Ni más socios ni más business angels. Eso se ha acabado.

En cambio, si hay un montón de alternativas para conseguir financiación en modo boostrapping. El crowdfunding, por ejemplo, no conlleva ceder el poder. Ni la negociación de créditos con un banco. O hipotecar la casa. O negociar los plazos de pago con los proveedores. O alquilar parte del espacio de nuestras oficinas. O alquilar nuestros servicios de gestión internos (no los servicios que vendemos, si es que vendemos alguno), cediendo a nuestro contable, o a nuestro programador web, o a nuestro community manager. Hay mil maneras. Sólo tienen en común una cosa: ninguna de estas maneras de financiarse repercute en una pérdida del control sobre nuestra organización.

Cómo se podrá imaginar, el precio a pagar, además del de limitarse las fuentes de financiación (y a consecuencia de ello) es la ralentización del crecimiento. Está claro: menos entradas de dinero suponen no poder dar tantos saltos ni tan grandes a lo largo de nuestro crecimiento. Las organizaciones que aplican el bootstrapping suelen compensarlo poniéndole incluso más horas de trabajo, pero lo cierto es que una startup en modo bootstrapping lo tiene un poco más difícil para avanzar.

A pesar de ello, hay muchos beneficios asociados a emprender en modo bootstrapping:

  • Retención del control sobre la compañía.
  • Las diferentes etapas de crecimiento son más sólidas, están mejor aposentadas y permiten, por tanto, edificar encima, crecer, de una manera más sólida y menos volátil. Dicho de otro modo, las startups que “bootstrappean” crecen despacio pero más sólidamente.
  • Promueve una gestión basada en el ahorro. Las startups que se basan en el bootstrapping en sus inicios tienden a tener siempre un muy buen control de los costes, puesto que desde un inicio han manejado el concepto del ahorro o del no-despilfarro.
  • Cohesión del equipo: Al tener siempre el control, todo el equipo de trabajo se siente parte del mismo proyecto, se evita la impersonalidad de una empresa que va cambiando de manos cada dos por tres.

Tal vez piense usted, leyendo todo lo anterior, que esto del bootstrapping es algo residual, algo que usan unos pocos locos que no quieren jugar con las reglas del resto. Pero la realidad es bien distinta. Son innumerables las organizaciones que han llegado a una situación de éxito bien estable mediante este método. He aquí algunos ejemplos relevantes.

Zinepak: Brittany Hodak & Kim Kaupe tenían muy claro lo que querían hacer, cuando montaron su empresa. La idea era ofrecer a las discográficas ediciones cuidadosamente diseñadas de merchandising o de ediciones deluxe de sus discos. Sus trabajos han sido para Justin Bieber, Katy Perry, Maroon 5, Taylor Swift, Mary J. Blige o los Beach Boys, por poner algunos ejemplos, y la cura que le ponen a cada uno de sus proyectos les ha hecho valedoras de un renombrado prestigio en el sector. Pero Brittany y Kim siempre tuvieron claro que para que eso sucediera hacía falta que ellas siempre tuvieran el control, así que “bootstrappearon”.

Apple: Pese a que Steve Wozniak desmentía hace poco el mito de una gran empresa como Apple naciendo en un garaje mugriento, no deja de ser cierto que él y Steve Jobs empezaron de cero y tirando de lo que tenían más a mano, es decir, haciendo bootstrapping. Fue, precisamente, cuando empezaron a vender parte de su empresa para crecer rápido que empezaron a perder el control.

eBay: Pierre Omidyar creo el gigante de las pujas online aguantando tanto como pudo y creciendo hasta el punto en el que para los inversores unirse era un caramelo tan apetecible que estaban dispuestos a pagar verdaderas fortunas por quedarse con un pedazo del pastel.

Spanx: Sara Blakely creó su compañía alrededor de un solo producto (aunque luego fue diversificando), una faja que realzaba los glúteos. Siendo mujer, el reto de convertir una empresa en algo grande es mucho mayor, puesto que la desconfianza siempre es algo que planea sobre las emprendedoras, así que Sara decidió tirar adelante con lo puesto, buscándose la vida para no depender de nadie y crear el imperio que ahora ostenta sin que nadie le tosiera. Ya hace muchos años que Sara Blakely aparece en la lista de las 100 personas más influyentes de la revista Times.

Plenty Of Fish: Markus Frind montó esta página de citas online con bien poco y con la intención de tener un negocio propio que pudiera dirigir sin dedicarle más de 10 o 12 horas a la semana. Lo consiguió, fundamentalmente, porque no tuvo a otros inversores obligándole a ser el máximo de productivo. Su crecimiento fue sólido e imparable. Sólo cuando empezó a reclutar a gente y a tener que trabajar más horas, Markus decidió vender.

Live Worldly: Kael Robinson se dio cuenta de que en Argentina todo el mundo parecía llevar unas pulseras de colores muy sencillas, hechas a mano, que se suponía hacían tus deseos realidad. Aprovechando que había perdido su trabajo y pese a que no contaba con grandes ahorros, invirtió lo que poco que tenía en empezar un negocio que, inicialmente, producía esas pulseras. El éxito fue tal que Kael reconvirtió la marca para usarla como signo identificativo de un modo de entender el mundo, vendiendo productos manufacturados por comerciantes locales y reinvirtiendo los beneficios en geografías necesitadas. Nadie le exigió que fuera más productiva, financieramente más provechosa. Y lo pudo hacer porque nunca cedió ni un ápice de su compañía.

Twin Gifts: Karen y Lindsey son dos gemelas que montaron su propio negocio de venta online de productos destinados a gemelos. Venden de todo, desde colgantes dobles, hasta posters celebrando el ser gemelo, trillizo, etc. Siempre han tenido claro que lo suyo es casi una misión en pos de los nacidos casi iguales, por eso nunca han querido involucrarse con nadie más.

GoPro: Nick Woodman ofreció su GoPro a Sony, pero al ser rechazado, decidió seguir por su cuenta y riesgo. Ha mantenido el control desde entonces, permitiéndole una total libertad creativa que ha llevado a la marca, en poco más de 10 años, a convertirse en un auténtico referente en un sector tan competitivo como el de la tecnología de consumo.

En definitiva, que si bien no es la opción más al uso, el bootstrapping es una muy efectiva manera de contrarrestar ese miedo (lógico y bien verídico) a la pérdida del control progresivo. Es posible crecer con medios únicamente propios, es posible agrandar una organización y llevarla al más alto nivel, sin necesidad de “vender” el control de la misma, sin tener que dejar espacio para más copilotos. Lo que haga usted con el control, una vez haya sido capaz de retenerlo, ya es cosa suya. Solamente suya.


Marc Ambit – Consultor y profesor en TBS Barcelona Campus

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *