Las máscaras de Guy Fawkes las fabrica un catalán en Brasil

28 July 2013

guy-13Nos enteramos a través del Diari Ara que las famosas caretas del conspirador Guy Fawkes se fabrican en Brasil, concretamente en una fábrica fundada por un artista y profesor de escultura de Barcelona, Armando Vallés, que en 1958 decidió que el mejor negocio que podía abrir en Rio de Janeiro era… una fábrica de máscaras para el Carnaval: la Fábrica Condal. A la muerte de Armando Vallés, su viuda, Olga Gibert, se hizo cargo del negocio, y tuvo que afrontar uno de los periodos de mayor éxito de ventas por culpa, principalmente, de una máscara: la máscara revolucionaria de Guy Fawkes.

La máscara, en realidad, se hizo famosa por ser la que el personaje del cómic V de Vendetta de Alan Moore llevaba para proteger su identidad. El mérito, pues, debe llevárselo el dibujante del cómic, David Lloyd. La adaptación al cine que dirigió Lewis McTeague con Hugo Weaving en el papel principal acabó por convertir la máscara en un fenómeno de masas. Pero no fue hasta que el colectivo Anonymous decidiera utilizarla en manifestaciones contra la iglesia de la Cienciología primero y contra las políticas globalizantes y la falta de transparencia de las principales potencias del mundo que la máscara alcanzó la categoría de símbolo.

Curiosidades ligadas a la máscara de Guy Fawkes

Hay sin embargo, algunas curiosidades que deberían, tal vez, llamarnos la atención. La máscara se usa para denunciar los poderes fácticos, económicos y políticos del mundo. Llevarla es alinearse, indudablemente, con unos pensamientos tendentes al anticapitalismo, a la contra de las grandes corporaciones y más cercana al pueblo, a los desamparados, a los que sufren las consecuencias de las desigualdades en el mundo de hoy. Pero las ventas de esas máscaras generan unos royalties que van a parar a manos de… Time Warner, conglomerado gigante de medios que, a través de su filial Warner Brothers, propietaria de los derechos de explotación del cómic de Moore y Lloyd, recauda por cada máscara vendida en el mundo.

No deja de ser curioso, por otro lado, que muchos se hayan llevado las manos a la cabeza estos últimos días al saberse que dichas máscaras eran manufacturadas en Brasil. Algunos, al ver esta foto, corrieron a criticar lo inconsecuente de luchar por los derechos de los oprimidos y hacerlo llevando máscaras manufacturadas en el tercer mundo.

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Algunos, alarmados, incluso quisieron ver explotación infantil. Nada que ver con la realidad, como se apreciará en la foto. Habrá que recordarles a los que se ofenden fácilmente que en todo el mundo, incluso en el mal llamado “tercer mundo”, se trabaja. Y no en todos los trabajos del “tercer mundo” las condiciones son infrahumanas ni se infringen las mínimas normas de la decencia humana en cuanto a trabajo.

1También nos ha llamado mucho la atención el hecho de que un gobierno como el canadiense (en la actualidad de tendencia conservadora) haya decidido prohibir el uso de cualquier tipo de máscaras en las manifestaciones, bajo pena de multa cuantiosa y/o prisión. Será señal de que la máscara y lo que se esconde detrás empieza a dar miedo, empieza a ganarse el respeto, empieza a ganar credibilidad como elemento de cambio.

Y no podemos, por último, dejar de preguntarnos si todos los que usan esa máscara saben exactamente quién fue Guy Fawkes y si se alinean, también, con sus inquietudes terroristas, que las tuvo, más allá de que sus intenciones puedan parecernos más o menos defendibles.

En definitiva, una máscara de un cómic ha venido a incorporarse a la imaginería contemporánea por unos canales bien poco habituales, con unas implicaciones como mínimo particulares y que todos deberían conocer. Que el mundo necesita un cambio es evidente desde hace mucho. Que una máscara pueda ser la palanca del cambio es algo que ni el más visionario de los adivinos sociopolíticos podría haber predicho.

 

Marc Ambit

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