¿Qué es un plan?

13 Marzo 2017

antoine

Un plan es un compromiso. ¿Con quién? Con nosotros mismos. Es la promesa que nos hemos hecho de que vamos a intentar trabajar así de bien, así de eficazmente, así de eficientemente. No es un documento cualquiera que se hace porque se debe hacer, porque me lo piden, porque queda bien. Es una herramienta de trabajo que, como todas las herramientas, si está bien empleada te facilita ese mismo trabajo o, simple y llanamente, te permite hacerlo.

Todavía recuerdo la primera vez que, de muy joven, de muy pardillo e inocente, quise ofrecerle mis servicios de formador en OpenProj (una potente herramienta de planificación de proyectos) a un empresario del sector de la construcción. Empecé a contarle todas las posibilidades que incluía el temario que yo creía que necesitaba y que, por supuesto, contaba con una buena docena de puntos que tratar en la formación. Mi pasión tan sólo podía ser equiparable a mi inocencia. Después de unos minutos largándole sin cesar los posibles contenidos del curso (que si cómo planificar con coste tendente a cero, que si cómo balancear las cargas de recursos, que si cómo ser más eficiente, que si cómo resolver los cuellos de botella, etc.), el empresario me detuvo y me dijo: “Espera, espera, espera… para un momento. Mira, yo lo único que necesito es que me enseñes a hacer un diagrama de Gantt bien bonito para que yo pueda copiarlo en mi propuesta de proyecto, que yo luego ya haré el proyecto como me dé la gana, como los he hecho toda la vida.” Se me vino el mundo al suelo (¡y eso que había vendido el curso, mi primer curso!). A aquél empresario de la construcción no le importaba la planificación, le importaba que pareciera que planificaba, nada más.

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Por lo tanto, no, un plan no es una operación de estética, no es un aparentar. Es un prever, un anticiparse, un no dejar que la vida (que suele querer conspirar contra nosotros) nos golpee demasiado a menudo y demasiado fuerte. Buscamos allanar el camino para que la fase de ejecución de las tareas no sea un infierno, no sea una aventura diaria en la que te despiertas sin saber por dónde van a venir las sorpresas, los inconvenientes, los problemas, los fuegos que apagar.

Irónicamente (o no, tal vez sea simplemente justicia poética), los que no planifican suelen quejarse de su mala suerte, de lo mal que van las cosas, de lo perversos que son los demás (que no hacen bien su trabajo, que no se preocupan por el proyecto, que quieren dinamitarlo). Los que no planifican son los que siempre tienen una excusa, pero nunca resultados. Son los que no saben diferenciar entre imprevistos e imprevisibles. Son los que, a fin de cuentas, entregan sus proyectos tarde, se pasan de presupuesto o, simplemente, no alcanzan los objetivos.

Porque, aceptémoslo, desear algo con mucha intensidad no garantiza que se vaya a hacer realidad. Hace falta algo más. Hace falta un plan. Porque un plan, a fin de cuentas, es lo único que nos separa de cumplir los sueños.


Marc Ambit – Consultor y formador

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