Lo que (realmente) motiva a un trabajador

20 Febrero 2017

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En un ejercicio que hace ya muchos años que vengo repitiendo cada curso con diferentes perfiles de alumnos (universitarios, profesionales, etc.) les pregunto si podrían citarme, así, sin filtro, maneras de motivar a alguien para que trabaje más y mejor. Nunca pasan más de tres respuestas sin que alguien diga: “¡el dinero!”. Habiéndolo repetido, como digo, muchas veces a lo largo de los años, compruebo que esta tendencia se repite. Esto podría llevarnos a pensar que, realmente, la gente, los trabajadores, quieren más dinero para motivarse.

Pero ese mismo ejercicio, en realidad, está pensado para justamente lo contrario: para que se den cuenta de que, en realidad, eso no es lo que les motiva. La idea es sencilla. Por rondas, vamos preguntando por diferentes maneras de motivar, relacionadas con algun concepto general como, por ejemplo, “Con dinero”. En esta primera categoría, por supuesto, aparecen ideas como las primas por objetivos, los aumentos de sueldo, los porcentajes de beneficios, las comisiones, etc.

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Pero acto seguido (y después de contarles sobre la Teoría motivacional de los dos factores de Frederick Herzberg) les propongo otros temas, otros tipos de motivación diferente. Empezamos con los pagos en especias, es decir, cosas que valen dinero, pero que no son, en realidad, dinero. Que si días de vacaciones, que si coches de empresa, que si cheques restaurante, etc. La ventaja con respecto al dinero es que estos “regalos” pueden personalizarse. Más allá de sus magnitudes (no es lo mismo regalar unos cheques restaurante que un viaje, por ejemplo), es perfectamente posible tener este detalle con alguien concreto y ofrecerle exactamente aquel “regalo” que creemos que va más con él/ella. Un simple regalo de un libro a alguien que ha mencionado que le gusta mucho un autor determinado puede hacer más por la motivación de esa persona que dinero en metálico. O unas entradas para ver un partido de fútbol para los/las más futboleros/as. O un curso para mejorar esa competencia de la que ya se siente orgulloso. Lo importante, por supuesto, es que esa persona se dé cuenta de que hemos pensado en ella, de que ese “regalo” es para ella y para nadie más, porque recompensa su esfuerzo, su trabajo y la manera en la que lo desarrolla.

El ejercicio continua con más temas diferentes alrededor de los cuales construir alguna acción de motivación directa. Y buscamos maneras de motivar a través del aprendizaje, del liderazgo, etc. Y acabamos, intencionadamente, en el extremo contrario al que hemos comenzado. habiendo partido del “dinero” como elemento de motivación llegamos hasta el “no-dinero”, es decir, a aquellas manera de motivar a alguien sin necesidad de gastarse un euro. El reconocimiento (público o privado), la retroalimentación, la asignación de roles, la variedad o significación de las tareas encomendadas (siguiendo a Oldham y Hackman), etc. La lista es interminable. Y gratis, todo gratis.

Y todo ello, todo este ejercicio, para demostrar varias cosas:

1- Que el dinero, aunque sea el más manido de los métodos de motivación, no es ni el único ni el más adecuado, duradero o efectivo.

2- Que la clave está en la personalización, en la individualización de la motivación, en la destrucción definitiva del concepto de “motivación en masa”.

3- Que algunos de los mejores métodos de motivación de personas no cuestan ni un céntimo, tan solo, eso sí, el esfuerzo de pensar, el dedicarle horas a tener en cuenta a los trabajadores y sus necesidades o expectativas.


Marc Ambit – Consultor y formador

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