El mejor ejemplo de trabajo en equipo: Los Castellers de Cataluña

14 October 2012

Aquí tenéis, probablemente, la mejor demostración de lo que es trabajar en equipo. Uno de los mejores equipos de la competición de Castellers en Cataluña intenta, por primera vez en la historia, construir (y, si es posible, descargar después) el primer 3 de 10 (diez pisos de tres personas). Nunca nadie lo ha conseguido antes. Observa el vídeo con detalle para descubrir si lo consiguen o no.

La tradición de los castellers data del siglo XVIII, y se ha ido extendiendo desde su origen en los campos de Tarragona hasta toda la geografia catalana, y convirtiéndose en patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Unesco en 2010.

Pocas representaciones culturales pueden encontrarse que sinteticen de manera tan perfecta lo que significa trabajar en equipo.
Las “colles castelleres”, los equipos que intentan semejantes proezas, tienen un lema sacado de una obra del escritor Anselm Clavé: “Força, equilibri, valor i seny” (“fuerza, equilibrio, valor y sentido común”). Alrededor de estos conceptos, pero también de la unión y el sacrificio, los equipos intentan, cada año, construir el mayor número de castillos de diferentes tamaños, condiciones y dificultades, para así sumar puntos en la competición nacional.
Alguien podria pensar que los integrantes de los equipos deben ser, fundamentalmente, hombres muy fuertes, capaces de aguantar el peso de tamañas estructuras. Es cierto, pero tan solo en parte. La “pinya”, que es la base de la construcción, así como los primeros niveles de la misma están formadas, por supuesto, mayormente por hombre fornidos, jóvenes y fuertes, capaces de brindar a la estructura los sólidos cimientos que necesita. Pero a medida que subimos por los diferentes niveles vamos encontrando cada vez más mujeres y gente más jóven, pues los requerimientos a esas alturas ya son muy diferentes: se requiere más equilbirio, ligereza, valor, etc.
Los castillos se culminan, incluso, con unos últimos niveles a los que se encaraman niños. Solo ellos son lo suficientemente ligeros como para no sobrecargar el castillo y demuestran un valor sobrenatural a sus temprana edad al quererse subir a muchos metros de altura, sin mirar abajo, para coronar el castillo.

Como se puede ver, pues, el equipo es heterogeneo e inclusivo, sin hacer distinciones de sexo ni edad, buscando siempre la máxima unidad y fortaleza. Y esa unión, esa unidad, es la que hace de la actividad “castellera” un ejemplo perfecto de trabajo en equipo. La confianza que unos depositan en los otros, dejándose aguantar a tanta altura, la necesidad de que todo el mundo haga su parte de trabajo y se adapte a los posibles errores o flaquezas de los demás, la especialización, la compenetración (particularmente en la subida y en la descarga del castillo). Todas ellas son cualidades que todos querríamos para nuestros equipos. Se excluyen de los equipos cualquier tipo de egoismo, divismo o necesidad de protagonismo. Incluso una de las decenas de personas que forman la parte baja del castillo, aunque sea simplemente apoyando los brazos sobre un compañero situado sobre un punto de mayor peso, se sentirá enormemente satisfecho por haber participado con su granito de arena a semejante construcción.

No solamente es, pues, un espectáculo de primera magnitud, lleno de emoción, tensión y competición sana. Los castellers son, decíamos, el ejemplo perfecto de un equipo cuyos integrantes trabajan siempre en conjunto, sin individualidades, siempre en pos del bien común. Son, a fin de cuentas, la demostración de que un grupo de personas, por grande y diverso que sea, puede desafiar las leyes físicas más poderosas, con la unidad como ingrediente principal.
Marc Ambit

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